Una noche que me sentía mal, me acosté temprano y me dormí en seguida; pero me desperté muchas veces durante la madrugada, casi llorando de dolor de estómago. Cada vez que yo me movía incómoda o temblaba de frío, él abría los ojos y me abrazaba más fuerte, cuidándose mucho de no mover la sábana para no destaparme los pies.
Esa noche dormí tan mal que fue imposible que me levantara temprano. El dolor cesó por la mañana y entonces sí pude dormir, casi hasta el mediodía. Cuando me desperté, él ya no estaba. Me había dejado una nota en la mesa de luz.
Tu silueta le da a las sábanas una forma que quisieran conservar.
Debajo tus suspiros simulan latidos, como si les dieras vida además de belleza.
Te espero en la playa.
Ya pasaron varios años desde que leí ese papelito por primera vez, sin embargo todavía me lo acuerdo de memoria. Lo llevé conmigo a todas partes en la billetera por mucho tiempo, hasta que lo saqué y lo guardé en un cajón por temor a perderlo. Incluso después de que el amor se terminara, e incluso a pesar de eso, todavía lo recuerdo con ternura y siempre me saca una sonrisa.
Aquel que no tuvo un amor como éste, no tiene idea de lo que se pierde.
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